El jueves pasado se estrenó en Donostia "Mathilde maitatzeko moduak" (Maneras de amar a Mathilde), del que ya había hablado en este blog. Pues bien: estuve allí. Lo ví, lo gocé. Realmente impresionante, qué trabajo más bonito!
La verdad es que no se por donde empezar, pues fueron tantas las emociones que sentí... Recuerdo que mientras oía la historia escrita por Gabiria y la música de Murugarren, pensaba que allí habría unas 50-60 personas (no soy buena cálculando la cantidad de gente que puede haber en reuniones, conferencias, manifestaciones etc.) y que en Donostia hay cientos de personas interesadas con la cultura vasca, y seguro que hay cientos de personas interesadas en la obra de Gabiria y lo mismo con la de Murugarren. Me preguntaba que se lo estaban perdiendo, que era un estreno como una catedral de algo que todavía no sabemos si será importante, histórico, banal o qué, pero que mientras tanto ellos se lo estaban perdiendo.
Fue emocionante, lo repito y lo repetiré mil veces. Era la primera vez que veía a Gabiria, y me parece que lo bordó. Aparecieron Gabiria y Murugarren en el escenario, acompañados por un batería y un teclista; se sentaron cada uno en su sitio y empezó la música de Murugarren. Después, sin tiempo para aplaudir, Gabiria comenzó a leer la historia de Mathilde. Las canciones eran las de siempre de Txuma, pero el texto era nuevo, creado para la ocasión, y menudo trabajo se tomó el escritor vizcaino... Como ya comenté la vez anterior, hiló 10 canciones de Txuma partiendo de lo que se dice en esas canciones, para formar una única narración. Un trabajo de chinos, vamos. Pero lo consiguió.
Se trata de un tío que se pone a seguir a una chica a la que decide bautizar como Mathilde. Mathilde pierde su agenda y el tío se da cuenta de que todos los nombres que aparecen en la agenda son de chicos nacidos un 19 de enero... una guiño metaliterario (que bonito queda eso) de Gabiria, ya que también él nació ese día.
Pues bien, el tío empieza a llamar a los teléfonos de esa agenda para conocer mejor a la chica a la que persigue, y nos damos cuenta de que cada uno da una visión totalmente distinta a la del anterior, aunque las voces se van completando y todo acaba con un final inesperado y alucinante. No lo voy a destripar, porque supongo que habrá mas oportunidades para ver a Mathilde.
La música, una maravilla. La verdad es que yo no conozco toda la discografía de Murugarren, así que muchas de las canciones eran nuevas para mí (no para Idurre, mi amiga, que se las sabe toditas). Qué pedazo de artistas esos tres músicos! Fue una música envolvente, cálida, con un Murugarren que arrastraba las palabras y las dejaba colgadas en el aire, te dejaba totalmente pillada. Una maravilla, aunque el gran protagonista de la noche fue el texto de Gabiria, el verdadero hilo conductor del espectáculo. Incluso Idurre, que iba más por Murugarren, lo tuvo que reconocer, así que me pagó la cena, porque habíamos apostado que si nos gustaba más Murugarren pagaba yo, y si era Gabiria pagaba ella. Tampoco es que fuera una cena de alto standing, pero siempre está bien ganar en las apuestas!
Un grandísimo espectáculo, de verdad. Y eso, que ya he visto a Julen en directo. Después del espectáculo, le vi otra vez en la calle hablando con la gente (del mundillo, supongo, porque también estaba por allí Harkaitz Cano). Estaba muy elegante, por cierto. Con chaqueta, camisa negra y pantalones vaqueros. Me encantó, así que seguiré con este blog, hablando de todo lo que escriba, diga o haga Gabiria. Y es que el sábado pasado... pero bueno, eso lo contaré en el siguiente post.